5 MINUTOS DE FAMA

Samuel tenía 7 años cuando su conciencia empezó a salir a flote, la vida con sus padres desde los inicios no había sido tan agradable, con muchas peleas, secretos y problemas, pero para un niño de tan corta edad no era de mucha importancia. Sus padres (Margaret y Robert) mantenían peleas constantes en el hogar, pero Samuel ya se había acostumbrado a aquella monotonía.
Los mejores días para él eran las vacaciones; pues sus padres lo mandaban de viaje a otra ciudad en donde vivía su abuela y primos con los cuales podía jugar sin parar.
El pequeño Samuel era un niño con carisma, alguien con una alegría vital que contagiaba a cualquier persona, sus cachetitos rellenos, sus cejas pobladas y sus grandes ojos negros con una intensidad que lo caracterizaba, más allá de eso, su mirada podía llegar a ser tan desafiante para ser tan sólo un pequeño niño.
Lo que Samuel y muchas personas no sabían era que Margaret había sido la amante de Robert por varios meses, quién dejo a sus dos hijas y esposa por atender lo que en sus momentos parecía ser una familia plena, sin saber que más adelante con su nueva esposa lo perseguirían las mismas peleas y problemas, por las cuáles antes se había separado.
Las personas que sabían aquel secreto lo criticaban como ninguna otra cosa, rumores y apodos sobre Margaret corrían por todos lados; roba maridos, fácil y muchos más.
Lo cierto es que Margaret, era una mujer algo tímida, callada y siempre metida en lo suyo, perteneciente a una familia de clase media, con tan solo 20 años cuando contrajo matrimonio con Robert; Él algo maduro e impertinente de vez en cuando, pero con una gran sabiduría, trabajaba como entrenador de béisbol para una alta élite, le encantaba la natación y practicaba artes marciales. Se casó con Margaret a sus 45 años, días después de que el juez hubiera apelado su separación con su anterior esposa.
Robert y Margaret formaron su pequeña familia, y su pequeño y único hijo Samuel vino después de que cumplieran dos años de casados, para ellos no era ningún secreto que gran parte de las peleas que surgieron en su matrimonio era por la llegada de aquel pequeño, pues se sentían más alejados, para Margaret era una ocupación más, pues no estaba acostumbrada, era su primer hijo, y para Robert era una especie de intruso, pues ocupaba gran parte de la atención que antes Margaret solo le brindaba a él.
Su vida dio un giro inexplicable cuando un fuerte problema exploto, Robert no había tomado muy buenas decisiones, pues sus tratos con aquella gente de dinero lo llevaron a tener problemas graves y Margaret tenía miedo de próximas repercusiones, así que decidieron armar sus maletas e irse lo más lejos posible.
Samuel no entendía el motivo de la partida, e igual no le importaba pues sus padres le habían comentado que vivirían con su abuela por un tiempo y esa noticia lo emocionaba mucho porque podía jugar con sus primos, pues lo visitaban a menudo, o cuando él viajaba hasta allá.
Recordó a su primo Juan Manuel; un chico de unos 7 años mayor que él, alto, piel blanca y ojos de un gris intenso, se pegaba cualquier sticker que veía en las gomas de mascar, diciendo que eran tatuajes y utilizaba los aretes de su madre para ponérselo como piercing, algo extrovertido y muy curioso para un niño de 14 años.
Era la época de los emos y chicos rebeldes, Samuel sospechaba que su primo mayor era algo amante de esta modas o por lo menos eso decía su madre.
Cuando se sentaban todos en la mesa principal a cenar, festejar año nuevo en familia y compartir anécdotas del año que habían tenido cada uno, la primera en criticar aquel aspecto algo folclórico de Juan Manuel era su abuela, los chicos pícaros la llamaban la bruja chillona, y bien que le quedaba el apodo; la anciana culpaba a la madre del chico por el comportamiento del joven diciendo que ese libertinaje seria castigado tarde o temprano y que era mejor que se confesaran ante un sacerdote.
Samuel y los demás chicos solo reían, mientras los adultos discutían, por las exageraciones de la abuela. Pero lo cierto era que todas las cenas terminaban con un grito agudo de la abuela diciendo
- no soy bruja !!!
Con dos meses de estar viviendo con su abuela, Samuel sentía que se iba a volver loco, sus padres lo matricularon en una escuela de inmediato y lo inscribieron en natación y fútbol, con el fin de mantenerlo ocupado, pues sus padres no lo dejaban salir y mucho menos jugar en la calle y eso para Samuel era una tortura, pues él en su anterior ciudad lo hacía y tenía varios amigos y llegar a aquel lugar y no poder interactuar era algo sofocante para el pequeño niño. Solo podía salir con sus padres o cuando iba a sus prácticas de deportes.
Pero lo único bueno que tenía aquel cambio era que podía jugar con sus primos cuando iban a casa de su abuela, sus primos Brayan y Carlos eran dos gemelos algo locos y divertidos, y sus otras primas que casi no recordaba los nombres; de vez en cuando las veía, pues eran algo mayores y se la pasaban hablando con su madre y tías.
Los tres chicos o 4 cuando estaba Juan Manuel, jugaban a distintas cosas en el jardín, pero su juego preferido era hacer mímicas con música de reggaetón, Samuel se hacía llamar siempre "don Omar" y el resto de los chicos elegían un personaje diferente cada vez.
Pasaban toda la tarde escuchando e interpretando aquellas canciones con un radio pequeño que tenían, felices y dichosos hasta que cada uno se iba a sus casas.
El padre de Samuel, Robert, con un dinero ahorrado y algunos pagos que le hicieron, compro una casa en un barrio cerca al de la abuela y de inmediato se trasladaron, Robert siempre jugaba con su hijo, a veces fútbol y basquetbol y otras veces béisbol; el juego que más le encantaba al pequeño, pues lo llenaba de entusiasmo que su padre le enseñara, pues este había sido jugador en un equipo profesional y para Samuel era todo un experto. Padre e hijo salían al jardín de la nueva casa a entrenar el famoso deporte día por medio, mientras Margaret preparaba la cena y los visualizaba desde la cocina, la joven mujer se sentía plena con su familia algo loca por tiempos, pero llena de amor y mucha comprensión.
Por otro lado, le daba gracias a Dios que Robert estuviera resolviendo poco a poco los problemas aquellos que no la dejaban dormir por la noche. Quería que su hijo tuviera una vida normal, esperaba que Samuel no se entera de aquel pasado algo turbio, pues estaba siendo criado con valores y además era sólo un pequeño niño con una ternura y entusiasmo por vivir la vida de buena manera, honesta y sin secretos oscuro.
Pasaban y pasaban semana y para Samuel se volvía un martirio totalmente grande el seguir viendo que niños de casi su misma edad, entre 8 y 11 años si podían jugar al frente de sus casas y en la calle sin que sus padres le dijeran nada, le parecía muy injusto, pero a los semanas se hizo amigo de un pequeño niño por nombre Daniel, que se asomaba por su jardín cada vez que veía a Samuel jugar con sus carritos o su bate de béisbol, el niño con unos 9 años de edad tenía una mirada tierna, cabello castaño, ojos color miel y una actitud muy divertida, cuando se sentaban los dos a hablar, reían a carcajadas por las ocurrencias de cada uno y la tarde se les pasaba volando. Desde ese momento su amistad fue algo muy valioso para los dos.
Al estar esos meses más unida la familia, Robert y Margaret ya no discutían tanto, y se enfocaron más en darle amor a su pequeño hijo. Samuel por otro lado tenía un mejor amigo con el cual jugaba todos los días y los conflictos con aquella gente de alta sociedad se fueron solucionando. Pero igualmente, Samuel seguía con un poquito de vigilancia por parte de sus padres.
Ya con 6 años de estar viviendo en aquella ciudad, Samuel era todo un hombrecito, con 13 años los problemas y grandes cambios habían quedado en el olvido, o al menos por ese tiempo.
Últimamente el joven Samuel, se sentía algo agotado , ya sea por la escuela, pues últimamente no le estaba yendo tan bien y eso era un motivo para tener encima a su madre (y no era que él fuera el mejor estudiante que digamos, pero su madre se empeñaba a que por lo menos no perdiera materias) o bien sea porque se sentía más inquieto de lo normal, era una especie de nerviosismo que lo llenaba de temor, angustia, como si temiera de algo que fuera a pasar, no entendía aquel raro sentimiento e igual no le prestaba atención pues sólo le pasaba de vez en cuando.
Un día , después de natación, encontró a sus padres sentados en la sala con caras pálidas, su madres estaba en una especie de trance mirando la computadora y su padre al teléfono escuchando lo que sea que escuchara.
El joven entró e hizo ruido, porque al parecer no lo había ni notado
Margaret dirigió la mirada hacía Samuel y frunció el ceño, de inmediato se dirigió hacia él y no dudo en abrazarlo
Samuel no entendía el porqué de aquel acto tan raro pero igualmente correspondió el abrazo.
Después de unos 5 minutos allí parados, Samuel se separó al notar a su madre sollozar, no comprendía que estaba pasando.
Después que le explicaran el asunto que tanto inquietaba a la familia, Samuel se empezó a sentir algo raro, aquél sentimiento que lo acechaba cuando menos lo esperaba, en ese momento se estaba apoderado de él, sentía como el pecho se le contraía, la respiración se le aceleraba y los músculos se le tensionaban , no podía para de pensar en la noticia que le habían dado y eso estaba afectando más su situación.
Samuel sabía que era “eso” que le sucedía cuando se ponía nervioso, había puesto los síntomas en internet, y aquella plataforma web le había botado mucha información, pero la que más se adaptaba a su situación era algo llamado ansiedad.
Estando acostado, eran tipo 3 de la mañana y Samuel no podía pegar el ojo, aquella situación de sus padres lo estaba carcomiendo por completo y el hecho de tener una especie de enfermedad no era una motivación
No podía cree que su padre estuviera engañando a su madre, era algo tan insólito que a Samuel no le cabía en la cabeza y era por el hecho que en ese tiempo que llevaban viviendo en aquel lugar, habían sido la familia más feliz de todas, con altas y bajas no tan notorias, pero a fin de cuentas siempre con soluciones bajo la manga. Samuel sabía que iban a salir de esta, sólo que no creía que su madre aguantara tal infidelidad, era un poco ilógico, aunque todos merecen una segunda oportunidad, su padre ya había pedido perdón, y se aseguró que sólo fue una cosa de una noche, o al menos eso pensaban.
Después de aquella noticia las peleas en la casa siguieron, Margaret no se fue, pero le dio a Robert unos días para que buscara donde quedarse por lo menos hasta que a ella se le pasara el enojo.
Y así fue , Robert contacto a sus dos hijas, con las que ya había arreglado el asunto de abandono, se había disculpado hace años y las visitaba cada año, llamo a sus hijas y les contó la situación, a las chicas les faltó pegar un grito al cielo de la alegría.
Para casi nadie era un secreto que las jovencitas odiaban a Margaret, no sólo por dañar el matrimonio de sus padres sino por nunca dejar que su hermanito se quedara con ellas, era una especie de bruja malvada con la cual no querían hacer contacto. Por su parte Margaret no dejaba que Samuel estuviera a solas con las dos jovencitas por temor a que le contaran cosas que en realidad él no debía saber.
Robert planeó todo, alistó maletas y se dispuso a dirigirse a la salida, Samuel sentía pena por su padre y lo que estaba pasando, pero era lo mejor por el momento, su madre no merecía aquella falta de lealtad.
Después de unos días Samuel fue al médico junto a su madre y le recetaron algunas pastillas y antidepresivos para calmar ese raro sentimiento de angustia que no se iba de su pecho
Ya pasado casi dos años, Samuel se sentía poco feliz en su actualidad, pues sus padres seguían alejados, con 15 años y en plena pubertad sus emociones estaban a flor de piel, se sentía culpable por la separación de sus padres, esos cortos 6 años de mágicas aventuras y juegos con sus padres que vivieron recién llegados a la ciudad se esfumaron totalmente, su vida había vuelto a ser una montaña rusa cargada de problemas y dolores de cabeza que poco a poco lo iban consumiendo.
La felicidad de Samuel fue algo corta, pero no dudaba que en un futuro volviera a tener sus 5 minutos de fama.